Las tradiciones urbanas en el barrio del Peñón. El antiguo islote mexica es hoy uno de los barrios más poblados
Por Jorge Lara Tovar
Los cerros del Tepeyac, de la Estrella, de Chapultepec y de Copil (hoy Peñón de los Baños) fueron emblemas de la antigua Tenochtitlan y hoy son parte de la vida, la cultura y las leyendas urbanas.
Dicen los que saben que en el Peñón de los Baños se bebe el mejor pulque de toda la ciudad de México y que en sus 42 mercados todavía se pueden encontrar prácticamente todos los productos de la antigua gastronomía mesoamericana desde peje lagarto hasta nopales, pasando por los exquisitos jumiles y los escamoles.

Es un barrio céntrico y muy bien comunicado por autobuses urbanos y foráneos, taxis, bicitaxis y hasta por avión, pues su fama se ha extendido tanto, según cuenta doña Rosaura en su puesto de licuados, que primero pasan a echarse su pulque y ya después están listos para enfrentarse a cualquier cosa que encuentren en la capital y en el resto del país.
Este reportero no tuvo que pagar el pasaje de avión, le vasto tomar el metro y bajarse en la estación Peñón Viejo, aunque también podría haberse bajado en la estación Terminal Aérea desde donde se puede ver el cerro de Copil, donde dicen que estaban los manantiales cuyas aguas llenaban todo el lago de los mexicas y que junto con los cerros de la Estrella en Iztapalapa, del Tepeyac en la Villa y de Chapultepec fueron emblemas de aquella civilización.
Motivos para visitar el barrio los hay de sobra y son tantos que es difícil saber por dónde empezar, ¿Por la ya tradicional representación de la batalla del 5 de mayo, en la que los vecinos se disfrazan de zacapoastlas y franceses para recordar este suceso que marcó el rumbo de la historia de México y de la Europa dominada por Napoleón III? Es tanta la vehemencia que ponen los participantes en ambos bandos que, cuentan los que saben, que ha habido años en que olvidándose de los hechos históricos, los franceses han estado a punto de ganar la contienda.
– Mejor síguele con lo de los pulques-, me recomienda mi amigo Eduardo Nieva, quien con su infatigable cámara me señala un letrero sobre la pared que anuncia “El Gran Combate, Tour Pulquero, el evento pulquero más grande de la ciudad. Sin costo, sólo consumo personal” y añaden como atractivo la participación de los colectivos La Línea de Fuego y Los Chupamirtos además de la Bella Carolina, quienes libarán los curados de amaranto, de ajonjolí, de cacao, de cilantro, de perejil, de jitomate, de aguacate y otras delicatessen que también se podrían imponer a las francesas. Un evento que fermenta las ideas y detiene el tiempo.
Este reportero estoico, prefiere no caer en la tentación y convence al fotógrafo que deben de llegar a tiempo para platicar con los investigadores del INAH hasta el lugar donde entraron los restos del “Hombre del Peñón” en 1957 y que al analizarlos terminaron siendo de una mujer que vivió en este lugar hace 12 mil 700 años, que cuando murió tenía entre 24 y 26 años de edad, que presentaba un alto grado de mineralización y constituyen la referencia más antigua de la historia antropológica de México.
También debemos de llegar a tiempo a los Baños del Peñón, donde las aguas de Copil cobraron nuevo significado para los habitantes del valle de Anáhuac pues resultaron ser medicinales o al menos resultaron aguas bicarbonatadas como las de Tehuacán, en Puebla.
Los Baños han conservado 34 tinas de mármol estilo romano donde se enfrían las aguas que salen a una temperatura de 46 grados centígrados. Los que saben en esta colonia escuchan curiosos la discusión y piden permiso para añadir que fue el barón Alexander von Humbold el primero en analizar la composición de estas aguas termales, allá por el año de 1805 y siguieren al reportero averiguar cual fue la participación del naturalista Andrés Manuel del Río. Y no, no hay por donde empezar.