Nostalgia por el antiguo oficio del fotógrafo

Aunque digital: “el que se mueve, no sale en la foto”. Por Natalia Lara.

Dueño de una colección de más de 5 mil imágenes con las que se podría reconstruir la historia de Querétaro, el coleccionista y fotógrafo José Robles Cevallos compartió su experiencia en una agradable charla.

“Yo creo que a pesar de los videos digitales y todos los nuevos recursos técnicos de nuestro tiempo, la fotografía sigue conservando su lugar en el gusto de las personas. Si se trata de una fecha importante, un bautizo, una boda, un cumpleaños, la graduación escolar, la imagen se hace imprescindible”, comenta don José Camacho, fotógrafo apasionado por el arte de atrapar las imágenes con una cámara.

¿Quién no a pasado una buena tarde sin salir de su casa frente al álbum familiar llenándose nuevamente los ojos con un montón de viejas y nuevas imágenes? “Aquí está tu abuelita cuando era chiquita”, “Aquí estás tú el día que cumpliste 5 años”, “Esta era una vecina que cantaba muy bonito”, “Te acuerdas cuando fuimos a este paseo”. Y ante nuestros ojos desfilan los ectoplasmas almacenados, cuerpos astrales que se nutren de nuestras personas y nos nutren, verdaderos archivos de alma, testimonios de nuestra vida.

“Aunque todos pueden comprar una cámara y apretar el, no cualquiera tiene la capacidad de “ver”, de “reflejar”, de “plasmar” el carácter de la gente, la importancia del momento –agrega don José quien se suelta con los recuerdos de los viejos fotógrafos ambulantes que nos sorprendían en la calle o sacaban la foto del recuerdo en los jardines.

Se escondían detrás de la cámara, tapados con una gran tela negra y nos hacían sentarnos derechitos y no movernos ni un ápice. Hasta sirvieron para acuñar el refrán político “El que se mueve, no sale en la foto”.

“Después se fueron abriendo un espacio en los grandes eventos nacionales, en los espectáculos, sorprendiendo al raterillo al momento de sacar la cartera del descuidado que festejaba al torero triunfador de la tarde, al artista en el tendido, al político en el momento de dirigir la mirada al futuro promisorio de su nación, al diputado dormido en su curul y ahora tenemos ahí a los Paparazzi”.

Don José no sólo saca y colecciona fotos, también dedica muchas horas de su tiempo a estudiarla desde el punto de vista psicológico y habla de “la fotogenia, esa cualidad que le permite a las imágenes impresas sobre un papel transmitirnos un sentimiento de presencia de las cosas, una emoción, una ternura indescriptible y entonces una foto del padre, la madre o el hermano se conservan y hasta veneran como dioses o sirve para que los espiritistas invoquen a los fantasmas, los curanderos y brujos ofrecen encantamientos y cada una de ellas va acompañada de una historia.

Tal vez por eso los buenos fotógrafos siguen siendo una especie de magos capaces de invocar la inmortalidad.

Mejorándolas o empeorándolas, los fotógrafos siempre, en su registro y reproducción de las personas, las transforman, las recrean en una segunda personalidad, cuyo aspecto puede turbar la conciencia al extremo de llevarla a preguntarse ¿quién soy yo? ¿Dónde está mi verdadera identidad?

Habrá que dejarlos trabajar en el intento de atrapar la luz y la sombra, conjugarlas y tal vez seguir recitando entre dientes las oraciones que duran el tiempo suficiente para que dentro del cuarto oscuro las sales de plata hagan parecer las imágenes con claridad sobre el papel.

El Nopal, espinoso pero muy sabroso. LEER MÁS.