Por Jorge Lara Tovar

Las personas que conocieron la capital mexicana antes de 1949, no podrán incluir entre sus recuerdos la construcción que unos cuentos años después fue considerada el mayor edificio en Latinoamérica.
Su construcción fue un prodigio de la técnica, pues la ciudad de México se encuentra ubicada en una de las zonas sísmicas de más alto riesgo. Para soportar el peso total del edificio, calculado en 24 mil 100 toneladas, se construyó una estructura rígida de acero, ella solita pesa 3 mil 200 toneladas y soporta tres sótanos, 43 pisos y una antena.
Usted la puede ver desde muy lejos. Su figura esbelta es inconfundible. Son 182 metros de altura sobre el nivel de la calle: 138 del edificio formal más 44 de la antena. Si le gustan las estadísticas le podemos comentar que el total de la superficie construida es de 27 mil 700 metros cuadrados, tiene 3 mil 200 metros de lámina acanalada de aluminio y cuenta con más de 4 mil lámparas para su iluminación.
Desde que fue inaugurada, el 30 de abril de 1956, es parte importante de la vida de México. Usted puede llegar hasta la esquina que forman las calles de Francisco I. Madero y Eje Central, antes San Juan de Letrán, y subir para conocer la capital desde las alturas a través de los telescopios que alquilan en el piso 43 y que pocas veces se usan para mirar la luna o las estrellas.
Por supuesto que corre el riesgo de que lo agarre un temblor hasta la punta misma de la antena, pero… no se preocupe, la Torre Latino ha soportado sin inmutarse todos los grandes sismos que ha padecido la capital azteca

El Dr. Leonardo Zeevaert realizó estudios de mecánica de suelos, investigó el origen del hundimiento regional que ocurre en la Ciudad de México. Creó y diseñó la cimentación para este edificio y actuó como ingeniero consultor en el cálculo de la estructura de acero donde se usó por primera vez el concepto de flexibilidad controlada, estudiando su comportamiento desde el punto de vista dinámico.
Leonardo Zeevert fue el ingeniero consultor e inspector de la construcción durante todas las obras de cimentación y levantamiento de la estructura de acero. En este edificio aplicó su método para encontrar los periodos de resonancia del suelo, que han sido reconocidos como una aportación de la ingeniería mexicana al mundo.
Sólidos, transparentes, monumentales, imponentes, los rascacielos son iconos del paisaje urbano y transforman la fisonomía de las ciudades cuando emergen en algún punto de su traza. Muchos edificios de la Ciudad de México tienen un lugar reconocido en la historia del desarrollo de este país. La Torre Latinoamericana se lo ganó a pulso gracias a sus pilotes de control que han sorteado exitosamente sismos y hundimientos diferenciales en pleno corazón del Centro Histórico.
Si te agrado este material, visítanos en https://patarata.com.mx Apostamos por contenidos interesantes para un público al que le gusta leer.