La poesía hecha canción: La hora íntima de Agustín Lara

Por Jorge Lara Tovar

Es uno de los compositores populares mexicanos más reconocidos en el mundo entero. Su vida está plagada de escándalos y misterios. Su fama se extendió cuando escribió “Madrid” y “Granada” sin conocer España y fue envidiado por los admiradores de las más bellas actrices mexicanas con las que solía mostrarse en público.

Rumbero y jarocho

Lo registraron en Tlacotalpan, un pintoresco pueblo del estado mexicano de Veracruz, el 30de octubre de 1897. Era un niño delgado, de facciones finas, al que ya se le podía decir; “Flaco”, aunque todavía no era el “Flaco de Oro”, como se le conoció más tarde. Muchos aseguran que nació en la ciudad de México, pero a él mismo le gustaba reconocerse como veracruzano: “He nacido rumbero, jarocho, trovador de veras y me fui lejos de Veracruz”. La verdad de su nacimiento se perdió en la historia.

Cuando le vestían de marinerito, su familia todavía no adivinaba lo que le deparaba el futuro. Ya desde entonces su padre le pagaba a una maestra para que le enseñará a tocar un viejo armonio familiar. Ese pequeñito no hacía caso de las indicaciones y tocaba lo que le venía en gana. Con esa expresión de “no rompo un plato” logró evitar el castigo paterno cuando el célebre pianista y compositor Ricardo Castro, gran amigo de la familia, lo escucho tocar y expresó: “A este niño no se le puede enseñar a tocar el piano… porque ya sabe hacerlo”.

La dudosa respetabilidad

Aunque la Revolución Mexicana no lo alcanzó de lleno sí le permitió pasar por la Academia Militar sin tener que llegar a la milicia y le dio la posibilidad de frecuentar los lugares que serían fuente de sus canciones más conocidas, los llamaban “malos lugares”, “lugares de mala nota”, “de dudosa respetabilidad”; eran burdeles, antros y cabarets donde recibió la herida que le dejaría marcado de por vida, cambiando totalmente el aspecto de su rostro pero no su gusto por vestir siempre elegante, casi siempre de traje cruzado y con sombrero.

Asegura la escritora mexicana Adela Pineda que: “Esa marca va a significar el símbolo de su pasado y el principio de una romántica leyenda. A pesar de ello y mientras se gestaba el mito, la música de Lara era sólo conocida en los ámbitos mas noctámbulos y populares. Muchas de sus canciones quedaron olvidadas o perdidas porque él nunca las transcribió. A pesar de que todavía no había entrado en la incipiente industria discográfica, algunas de sus más inmortales canciones fueron creadas en estos años”.

De la vida nocturna a la fama

Sus primeros grandes éxitos musicales sirvieron para intensificar su amor por la vida nocturna, por las mujeres, por los escándalos y por lo que muchos llaman su principal característica como ser humano: “lo cursi”, “la sensiblería”. Pero en un pueblo dado a defender siempre la causa de los que menos tienen y con ese aspecto quijotesco, de caballero dispuesto a dar la vida por su amada, Agustín siguió alimentando su leyenda, al lado de incontables mujeres, las más hermosas de la época sin lugar a dudas, con las que le gustaba mostrarse en público, en Centros Nocturnos, en las corridas de toros, en su querido puerto de Veracruz, en su amado Tlacotalpan, en España donde el dictador Franco lo recibió con los brazos abiertos, en la Habana, en Buenos Aires.

Las canciones de Lara fueron muchas veces censuradas por glorificar la marginalizada imagen de las prostitutas y de las “mujeres fatales”, o por su tendencia a exaltar vicios que no por comunes eran mal vistos.  Hubo grupos de personas, en los años treinta, que atacaron sus canciones por considerarlas inmorales. Para Lara esas cuestiones no hacen más que aumentar su aura romántica y aventurera. Él, sigue siendo el rey de los éxitos y es aclamado en toda América.

Poeta y mentiroso

«Yo no recuerdo que Agustín Lara haya dicho nunca una verdad. Era un mentiroso profesional», comentó el escritor y periodista Paco Ignacio Taibo I, cuando a finales de los años 60 fue contratado por Emilio Azcárraga Milmo (dueño entonces del consorcio Televisa) para rescatar las confesiones del “Flaco de Oro” y hacer un programa de televisión.

El sociólogo y periodista Carlos Monsivais expresó: “Su bohemia, disipación, amor sin límites, pasiones sin esperanza. Aún más, trazas de su oscuro y licencioso pasado fueron percibidos mediante su cultivada imagen como la de un desdichado e indefenso cantor de prostitutas, un dandy y un frágil poeta”.

Continúa Monsivais: “Fue un personaje único que hizo de la cursilería su vínculo con el mundo, un ser enormemente pintoresco, cuya cúspide adquisitiva se llama María Félix. Lara, conjunta la poesía modernista y la injuria vencida de las amas de casa, el afán de espiritualidad y la obsesión de la carne, la ambición de poseer una elegancia verbal y el arrojo para desempeñarse en la más atroz cursilería”.

Agustín no rebatía estas críticas y aseguraba de sí mismo: «He tocado kilómetros de teclas de piano y con las notas de mis canciones se pueden componer más sinfonías que las de Beethoven… Soy un ingrediente nacional como el tequila. Pero en el fondo, soy más Werther que Dorian Gray… Soy ridículamente cursi y me encanta serlo».

Hasta siempre poeta

En la medida en que su salud se fue deteriorando comenzó su progresiva retirada de la vida pública para pasar más tiempo en los cayos y playas de Veracruz y en su amada casa. Una caída fortuita en ella y la consiguiente fractura de fémur le llevó al hospital. «La vida es un suspiro, un suspiro, y ya se lo llevó el carajo” comentó el poeta presintiendo el desenlace.

Resistió algún tiempo pese a su insuficiencia respiratoria, pero un ataque al corazón se lo llevó el 6 de noviembre de 1970.  Fue inhumado en la Rotonda de los Hombres Ilustres del Panteón de Dolores en la Ciudad de México.

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