La ‘onda verde’

Por Jorge Lara Tovar

Les aseguro que no es nostalgia ni manía de que todo tiempo pasado fue mejor. Me pregunto ¿algún día contaremos con las herramientas necesarias para zafarnos de las trampas del consumismo que nos hacen creer que sólo gastando somos modernos?

Me llega este ilustrativo imeil: “En la fila del supermercado, el cajero le dice a una señora mayor, en tono de autoridad en la materia: “Debería usted traer su propia bolsa de compras, señora, ya que las bolsas plásticas son nocivas para el medioambiente”, y la conmina a sumarse a la ‘‘Onda Verde’’. La señora le explica: “Es que no había esta onda verde en mis tiempos”.

El cajero le replica: “Gracias a ustedes tenemos ese problema hoy, señora. Su generación no tuvo suficiente cuidado para preservar nuestro medioambiente y hoy tenemos que reparar nosotros lo que ustedes omitieron”.

La señora responde: “Bueno, tiene razón. Nunca se promovió esa ‘‘onda verde’’ en mis tiempos, porque hacíamos las cosas de manera distinta. Por ejemplo, las botellas de leche, las de refresco y las de cerveza se devolvían a la tienda. La tienda las enviaba de nuevo a la planta. Allí las lavaban y esterilizaban antes de llenarlas de nuevo, de manera que se usaban las mismas botellas una y otra vez. Creo que hoy a eso le llaman ‘reciclar’.

Pero no, no teníamos ‘‘onda verde’’ en mis tiempos. Subíamos a pie las escaleras, porque no había escaleras mecánicas en cada comercio y oficina. Caminábamos al almacén en lugar de subir a nuestro auto de 300 caballos de fuerza cada vez que necesitábamos recorrer dos cuadras hasta para comprar medio kilo de tortillas. Pero tiene usted razón, no teníamos la ‘‘onda verde’’ en esos tiempos.

Por entonces lavábamos los pañales de los bebés porque no había desechables. Secábamos la ropa en tendederos, no en esas máquinas consumidoras de energía que se sacuden a 220 voltios. La energía solar y eólica secaban nuestra ropa. Los chicos usaban la ropa de sus hermanos mayores, no siempre modelitos nuevos.

Preparábamos los alimentos de principio a fin y no metiendo empaques desechables con sopas instantáneas en hornos que consumen electricidad como demonios.

Pero es cierto, no teníamos ‘‘onda verde’’ entonces. Teníamos sólo una pin… televisión blanco y negro o radio de bulbos en la sala, no un televisor en cada cuarto, la cual tenía una pantallita del tamaño de un pañuelo, no una pantallota del tamaño de un estadio, y no se transmitían programas día y noche, además que no había más de tres o cuatro canales.

En la cocina, molíamos y batíamos a mano, porque no había máquinas eléctricas que lo hicieran todo por nosotros.

Cuando empacábamos algo frágil para enviarlo por correo, usábamos periódicos viejos para protegerlo, no esa cosa que llaman unicel o burbujitas plásticas infladas que tanto contaminan el ambiente.

Pero no, no teníamos onda verde. En mis tiempos no encendíamos un motor y quemábamos gasolina sólo para cortar el pasto; usábamos una podadora que funcionaba a músculo. Hacíamos ejercicio trabajando, así que no necesitábamos ir a un gimnasio para correr sobre pistas mecánicas que funcionan con electricidad. Tomábamos agua de la llave o de una fuente cuando teníamos sed, en lugar de usar vasitos desechables o botellas plásticas cada vez.

Recargábamos con tinta las plumas en lugar de comprar una nueva, y cambiábamos las navajas de afeitar en vez de echar a la basura toda la afeitadora sólo porque la hoja había perdido su filo.

Tiene usted razón, no teníamos una ‘‘onda verde’’ por entonces. En aquellos tiempos, nosotros caminábamos a la escuela, algunos otros tomaban el tranvía o el camión, y algunos otros iban en sus bicicletas. No se formaban filas interminables de carros estacionados en doble y hasta triple fila frente a las escuelas, ni se hacían esos embotellamientos que hoy ayudan tanto a contaminar el ambiente.

Nosotros no usábamos a la mamá como un servicio de taxi de 24 horas. Hasta para ir al baño de la escuela, queremos que nos lleve mamá en su auto, o si no, le exigimos que nos compre uno, aunque sea chiquito y si es Audi mini, mejor. Teníamos un enchufe en cada habitación, no un banco de enchufes para alimentar una docena de artefactos que hoy mantienen a los niños pegados a las pantallas, y no necesitábamos un aparato electrónico para recibir señales de satélites ubicados a cientos de kilómetros de distancia en el espacio, para encontrar la pizzería más próxima”.

El cajero y los demás de la fila se quedaron callados, mientras miraban a la mujer alejarse.

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