Considerada un monumento del arte barroco en todo el mundo
Conocida como la Casa de Ecala, este monumento del barroco fue construido en el siglo XVIII y se encuentra a un costado del monumento al hombre que construyó el famoso acueducto queretano. Por Natalia Lara.

Caminar por el Centro Histórico de Querétaro es una verdadera aventura y una gran oportunidad de aprender que la historia está viva. Pueden suceder toda cantidad de hechos, ayer, hoy mañana, y, tarde que temprano, saldrán a tu encuentro, regresarán para decirte quién eres, de dónde vienes y si tienes la claridad para interpretarlas te dirán a dónde puedes ir.
Este Centro Histórico ha sido testigo de una conspiración que dio inicio a la formación de este país y está lleno de leyendas que el día de hoy hacen posible que nuestros teatreros lleven el sustento a sus casas, al escenificar los hechos que la memoria popular consigna y dieron de qué hablar cuando sucedieron.
En este Centro Histórico, si hasta las paredes hablan que no podrían contarnos sus viejas casonas que aún se alzan imponentes. Y qué nos contarían sus plaza y jardines. ¿Qué tal si le preguntamos a nuestra plaza principal? Algunas crónicas consignan que fue en el mes de septiembre de 1886 cuando la “Plaza de Arriba”, como se conocía entonces a la Plaza de la Independencia o Plaza de Armas, fue reabierta después de que un tremendo incendio casi acaba con ella.
Durante más de 200 años, el sitio fue cobijo de un tianguis, aquellos mercados indígenas donde se compraba y vendía de todo o simplemente se intercambiaban los productos. La Plaza revivió de sus cenizas y hoy sigue siendo el lugar de encuentro de los queretanos y de los miles de visitantes que llegan desde todos los rincones del mundo a conocer esta joya del barroco.
La Plaza de Armas de Querétaro impacta a los ojos del visitante con su deslumbrante arquitectura. El monumento a Don Juan Antonio de Urrutia y Arana, Marques de la Villa del Villar del Águila, constructor del acueducto, está rodeado por verdaderas joyas de la arquitectura virreinal: La Casa de Don Bartolo, La Casa de la Corregidora, El Mesón de Santa Rosa y la Casa de Ecala, considerada uno de los monumentos más bellos del barroco en el mundo.

Si recorre la plaza al caer la tarde, en medio de los gritos de los niños y con el fondo de un saxofón o una guitarra, la fachada de la Casa de Ecala lo fascinará, los maestros de historia del arte coinciden en que es la más bella que pueda encontrarse en la ciudad. Un amplio portón bajo unas arcadas que sostienen la ornamentación de la planta alta con sus balcones, enmarcados por las águilas imperiales, coronados con frisos de cantera y azulejos.
La casa fue construida en el siglo XVIII por Don Tomás López de Ecala y, por supuesto, tiene su respectiva leyenda que cuenta el duelo arquitectónico entre Ecala y su vecino don Domingo H. de Iglesias. Ambos gastaron una fortuna para construir sus mansiones, pero sólo una fue considerada la más hermosa, aunque su dueño fue acusado de abarcar “una cuarta más” con sus balcones y multado con 54 mil reales por ganar terreno sobre la plaza. Hoy todavía luce orgullosa y, sí usted se atreve, podría ser el actor de una nueva leyenda.