Sobrevivientes durante más de 500 años de embate comercial
A pesar de la embestida del digitalismo y la cibercultura, los juguetes tradicionales mexicanos (en madera, tela o latón) siguen dando diversión a muchos niños en México, y estimulan sus destrezas y su imaginación. Por Natalia Lara.

Si, como afirman los antropólogos sociales, los juguetes son expresiones representativas de la cultura de un pueblo. Entonces los juguetes mexicanos reflejan algunas de las características de los mexicanos como su ingenio, su humor y su colorido.
La variedad de los juguetes es casi tan grande como la diversidad biológica del país. Es una riqueza acumulada, guardada a través de generaciones gracias al hecho de existir una conciencia de la conservación por parte de la sociedad y lo que se conserva es parte también de la historia de la capacidad de innovación e invención.
Una pequeña muestra de estos juguetes nos permite conocer “en vivo, en directo y a todo color”: baleros, marioneta, matracas, perinolas, piñatas, silbatos, sonajas, tablitas, trompos, viboritas, yo-yos, carritos y trenes de madera, máscaras, muñecas de cartón y tela, escaleras, boxeadores, gallitos, caballitos de madera, canicas, huesitos de ciruela, resorteras, rehiletes, dados, papalotes son parte de los juguetes mexicanos que reflejan el ingenio de nuestro pueblo.
“La forma como jugamos, las nuevas ideas y los objetos que utilizamos en los juegos, son un reflejo de nosotros mismos – me comentó don Luis Reyes, juguetero y artesano-. A través del juego, desarrollamos ideas y creamos nuestra identidad con valores y tradiciones que forman parte importante de nuestra vida diaria. Juguetes y juegos tienen un sentido cultural porque se relacionan con nuestras costumbres y creencias”.

Su descripción coincide con las propuestas del historiados Enrique Flores Cano, quien coordinó un libro sobre la historia del juguete tradicional y asegura que la imaginación y la sensibilidad mexicanas están plasmadas en su gran colorido, la mayoría de ellos fueron hechos por artesanos indígenas y mestizos, los materiales utilizados en su elaboración son un ejemplo del encuentro entre las civilizaciones originarias y los inmigrantes españoles.
En la Nueva España existió una amplia difusión y fabricación de juguetes mexicanos, ya que durante el periodo del virreinato las fiestas religiosas o civiles sirvieron de pretexto a los artesanos para imaginar o adaptar nuevos juguetes. En muchas pinturas de la época se pueden ver niñas con muñecas de porcelana o trapo, y niños con trompos, así como cazos y espadas de cartón, máscaras, sonajas, figuras de tule, trompos, tarascas, piñatas, matracas y hasta soldaditos de plomo.
Alrededor de 1860 la producción de juguetes comenzó a realizarse en grandes fábricas, lo que amenazó la elaboración artesanal de juguetes típicos. Durante estos años abundaron muñecas de Europa con vestidos de colores muy mexicanos. Y desde entonces los juegos populares mexicanos compartieron su espacio con los objetos extranjeros: se hicieron más figuras de cartón, tejido de tule, palma tejida, madera, hojalata, algodón y cera con raíces mexicanas. Años más tarde surgieron los títeres sin hilo, conocidos en México como «fantoches».
El acercamiento a las Culturas Populares nos recuerda que lo más importante del juego son la fantasía y la imaginación que, de un modo libre y creativo, hacen de nuestros juguetes tradicionales, promotores de nuestras costumbres y tradiciones.