Chocolate, manjar de dioses

Abuela tenemos todos, pero sólo las abuelas de México preparan está bebida exquisita desde hace cientos de años: el chocolate. Por Natalia Lara.

El origen de esta bebida deliciosa, sensual y para algunos adictiva se pierde en las raíces de la prehistoria del Nuevo Mundo, en los misteriosos reinos de los olmecas y los mayas; el chocolate se prepara con cacao, un árbol que requiere de condiciones especiales para florecer.

El clima húmedo del sureste mexicano cumple estas condiciones, sobre todo en las zonas más umbrías del bosque tropical. Para los mayas, la palabra estaba formada por “chokol”, que significa caliente; “a”, que significa agua y “tl”, que es un sufijo de unión. Para los aztecas, la palabra estaba formada por “xococ”, que significa amargo, y “atl” que significa agua.

Con la llegada de los españoles, la bebida y el cacao mismo viajaron al Viejo Continente, donde fue motivo de la atención de las mejores cocineras y pasteleros, quienes modificaron su  procesamiento. Tal vez el logro más importante se dio cuando separaron la grasa contenida en el chocolate. Una vez separada, se planteó el dilema: ¿qué hacer con ella? realmente era algo demasiado valioso para desperdiciarlo.

De una manera o de otra, a uno de ellos se le ocurrió la idea de mezclar la manteca de cacao con una pasta hecha a base de cacao molido y azúcar.  La mixtura resultante fue una pasta suave y maleable a la que se podía añadir azúcar sin que se volviera grumosa; la grasa facilitaba su disolución.

La pasta era lo suficientemente fina para ser vertida en un molde y darle forma, y a partir de este momento nació la idea de hacer las pastillas de chocolate para comer. La familia Fry, de París, afirma haber sido la primera en comercializar el producto, “Chocolat Délicieux a manger”, como llamaron a sus barritas de chocolate y las presentaron en la feria comercial celebrada en Birmingham en 1849. Las barritas tuvieron un éxito instantáneo, y comer chocolate se convirtió en una autentica moda.

Como consecuencia de la nueva moda, el precio de la manteca de cacao subió como la espuma y comer chocolate se convirtió en una actividad cara y practicada sobre todo por las capas altas de la sociedad. Mientras, el cacao quedaba relegado para las masas.

Los cocineros y los comerciantes de cada país al que llegaba le dieron distintos tratamientos y presentaciones. En Estados Unidos desarrollaron su propia versión. Tras experimentar con crema de leche y chocolate, una y otra vez, la mezcla se quemaba o no solidificaba bien, pero de ahí surgieron las barritas de chocolate con leche de Milton Hershey en 1900.

El libro de Alice Bradley “Candy Cook Book”, publicado en 1917, dedica un capitulo a los bombones de chocolate, son mas de sesenta recetas para hacer los rellenos. Dice Bradley: “Mas de cien clases distintas de bombones pueden encontrarse en los catálogos de algunos fabricantes”.


A lo largo de su historia, el chocolate ha dado lugar a muchos hechos curiosos. Déjeme le cuento uno de ellos. En el siglo XIX. En Europa, muchos charlatanes empezaron a hacer su agosto gracias al prestigio que la aprobación de los médicos dio al chocolate. Diversas formas de “chocolate” medicinal hicieron su aparición, incluyendo productos de nombres tan siniestros como el “Chocolate pectoral”, elaborado con tapioca india y recomendado para combatir la tisis, y el “chocolate analéptico”, elaborado con un misterioso “toxico persa”.

Pero como diría mi abuelita: Medicinal o no el chocolate es una bebida y un postre delicioso que nos ayuda a decirle “te quiero” a esa persona especial… mi nieto.

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