
Es un pulmón para Querétaro y un centinela de su historia. Por Natalia Lara.
Es una pequeña elevación desde donde se domina todo el valle de querendaro, por su vegetación fue declarada Parque Nacional en 1967 y en su cima se levanta una monumental estatua a Benito Juárez, quién el 15 de mayo de 1867 restauro la república mexicana.
A un costado del Centro Histórico de Querétaro, donde las plaza, callejones, conventos, templos y edificios de estilo barroco dominan el paisaje, se encuentra una pequeña elevación donde la vegetación hace a un lado la cantera. Eucaliptos, jacarandas, tepehuajes, casuarinas, mezquites, garambullos, ocotillos, aguacates y “frailes” conviven con los rosales comunes, la rosa de laurel, helechos y hasta con bambúes que se han aclimatado a estos aires.
Cuenta el emérito cronista municipal, Roberto Servín, que hacia los años 50 del pasado siglo se encontraba totalmente fuera de la ciudad, había que atravesar las milpas, los plantíos de melones y sandias de la desaparecida hacienda “La Capilla” para llegar a lo alto donde él y con sus hermanos jugaba a localizar la Loma del Sangremal, las torre chinesca de Santa Rosa, los barrios y seguían con la vista todo el cauce del río Querétaro.

También jugaban a localizar la entrada de la caverna que, según la leyenda, llevaba hasta los huertos del Convento de la Cruz y hacia las faldas del cerro del Cimatario. Un pasadizo utilizado por frailes y héroes forajidos del estilo de Chucho el Roto, robando a los ricos para repartir entre los pobres y huyendo con la complicidad de los montes.
El crecimiento urbano ya no permite estos juegos pero el Cerro de las Campanas se ha convertido en un oasis verde, un pulmón para la ciudad Patrimonio de la Humanidad. Dicen que su nombre se debe a las piedras que se encuentran ahí, compuestas por una aleación de bronce, plata, cobre y antimonio, que al golpear unas contra otras producen un sonido similar al de una campana. Otros más aseguran que hace años, cuando los templos de la ciudad llamaban a misa, en el cerro se escuchaba una sinfonía sin par.
En 1867, el cerro fue escenario del fusilamiento del austriaco Maximiliano de Habsburgo y sus generales mexicanos Miguel Miramón y Tomás Mejía, poniendo fin al sitio de Querétaro y consumando así la restauración de la república encabezada por Benito Juárez. Para recordar el hecho se levantó una capilla, un museo y la estatua al Benemérito.
En medio de los jardines, sorprendidos por las juguetonas ardillas que abundan en el lugar, se puede visitar la capilla que en el año de 1900 fue construida por el gobierno austriaco para rendir un homenaje al triunfo juarista pero también para recordar a quien quiso convertir a México en un Imperio. El gobierno mexicano no puso objeción porque la nación europea reconoció que el fusilamiento había sido un hecho violento pero necesario.
Mientras en la cima, a un costado del monumento, el Museo “La Magia del Pasado” convertido en centinela de la historia nos permite conocer las transformaciones del valle y del pueblo queretano desde la prehistoria. Diseñado con elementos interactivos multimedia, informáticos y telemáticos e instrumentos de audio y video provoca que el visitante pierda la noción del tiempo y se interne por los caminos de la fundación, del auge económico, la independencia, el segundo imperio, la restauración, la revolución y el Querétaro de hoy.
Este Parque Nacional abre sus puertas de martes a domingo, de 6 de la mañana a 6 de la tarde.