Apuntes al vuelo: Pelé 1970. O rei

Por Jorge Lara Tovar

Hace unos días vi el documental “Pelé” que transmite Netflix. La verdad es que muestra muy de pasada la magia que acompañó siempre a ‘O rei’ en la cancha. Resulta conmovedor para quienes tuvimos el privilegio de verlo jugar, derramar lágrimas al recordar el día que Brasil gano la final contra Italia en la cancha del Estadio Azteca en 1970. Quizá también me resulta conmovedor porque yo estuve ahí, yo vi jugar a Pelé.

Fue un gran partido de futbol. Los dos equipos tenían la oportunidad de llevarse en definitiva la Copa Jules Rimet a las vitrinas de su país. Una copa que Italia creía merecer no sólo por haber ganado dos Mundiales sino porque durante la Segunda Guerra Mundial, había logrado ocultarla para evitar que se convirtiera en botín de guerra para los invasores nazis. Cuatro kilos de oro puro fueron escondidos ni, más ni menos que una caja de zapatos, bajo la cama de Ottorino Barassi, vicepresidente de la Federación Italiana de Futbol.

Brasil también tenía dos títulos mundiales en su haber. ¿Quién se quedaría en definitiva con el trofeo? Se sabría el domingo 21 de junio. Y ahí estábamos 107 mil espectadores en las gradas y millones de telespectadores mirando por primera vez la final de un mundial a todo color. ¿Còmo describir lo que sucedió en la cancha? Técnica, belleza, magia, clase, talento, preparación física y fervor en los dos equipos.

Brasil, dirigida por Mario Lobo Zagallo, mandó el siguiente cuadro: en la portería, Félix; en la defensa, Carlos Alberto (capitán), Brito, Piazza y Everaldo; en el medio campo, Clodoaldo, Gerson y Rivelino; y en la delantera, Jairzinho, Pelé y Tostao.

Italia inició así: en la portería, Enrico Albertosi; en la defensa, Tarcisio Burgnich, Giacinto Facchetti (capitán), Pierluigi Cera y Roberto Rosato; en el medio campo, Mario Bertini, Sandro Mazzola, Giancarlo De Sisti y Angelo Domenghini; y en la delantera, Roberto Boninsegna y Gigi Riva.

El primer tiempo finalizo con un gol para cada bando. El de Brasil, anotado por Pele, el de Italia anotado por Boninsegna. Pero el segundo tiempo fue una tremenda ola verdeamarella que con Pele como director de orquesta anotó tres goles más para quedarse con la victoria. El cuarto gol brasileño todavía flota en mi memoria: , Tostao le quita el balón a Domenghini y lo retrasa para Piazza, este le da a Clodoaldo, quien se lo da a Pelé, Pelè a Gerson, Gerson le devuelve a Clodoaldo, quien burla a cuatro italianos y se lo da a Rivelino, Rivelino da un largo pase a Jairzinho en la banda izquierda, Jaisinho se corre hacia el centro y con Facchetti y Cera encima se la da a Pelé, quien la retiene apenas un segundo y se se la pone en bandeja a Carlos Alberto, quien llega desde atràs por la banda derecha y saca un tiro cruzado para colocarlo al fondo de la cabaña de Albertosi.

No fue una simple y buena jugada de futbol, fue magia, fueron diez toques sin que los italianos pudieran hacerse del balón. Fue en el minuto 84 de un partido que finalizó exactamente al cumplirse los 90 minutos de juego. Brasil ya era tres veces campeón, la copa Jules Rimet era ya de ellos. Pelé, a sus treinta años, era, sin lugar a dudas, el rey del futbol.

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