Por Jorge Lara Tovar

Una fría mañana de febrero de 1990, junto con un equipo de periodismo de investigación, partí del Aeropuerto Internacional Benito Juárez de la Ciudad de México rumbo a la ciudad de Campeche, con destino final a la zona arqueológica de Calakmul, donde documentaríamos el rescate de una antigua ciudad maya y trataríamos de saber cómo fue posible que en medio de la selva se construyera una obra impresionante.
Como arma indispensable, portaba el permiso de grabación autorizado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, pues sin él es prácticamente imposible levantar imágenes con equipo profesional. El siguiente cometido i8nmediato, al llegar a la zona, era establecer contacto con el doctor en arqueología William J. Folan.
Pero, ¿para qué demonios sirve la arqueología?, ¿por qué es importante el trabajo de un arqueólogo?
La arqueología es la manera en que seres humanos recuperamos los restos materiales humanos preservados en el tiempo de civilizaciones antiguas y, a través de ellos, tratamos de saber cómo vivieron, que hacían, qué comían, dónde dormían, que cultivaban, cómo enterraban a sus muertos. Gracias a la arqueología y a los arqueólogos recuperamos información para conocer los cambios en la historia, en la organización social, y conocer la diversidad del comportamiento humano en el pasado.
Tras un largo vuelo, unos cientos más de kilómetros recorridos por carretera y brechas rodeadas de ceibas, caobas y chicozapotes nos adentramos en la reserva de bosque tropical más grande en México donde se resguardan monos aulladores, halcones, tucanes, ocofaisanes, jabalíes, venados, armadillos y el inigualable jaguar.

Hasta ahí llegaron los antiguos mayas a fundar esta ciudad y para saber cómo, cuándo, por qué aquí, cuál era su función, su significado e importancia, cómo fue su organización social, política y económica, preguntas que la arqueología como auxiliar de la historia va desentrañando. Y en este caso, William J. Folan podría darnos una luz para contarlo a través de un reportaje de periodismo de investigación.
Ya estando frente a él, cargando nuestro equipo de video filmación, sudorosos, con medio cuerpo embarrado de lodo para atravesar las zonas bajas pantanosas, el valioso permiso de grabación del INAH salió sobrando, el equipo de arqueólogos, historiadores, expertos en conservación, sus ayudantes y el mismo Dr. Folan no se detuvieron a pedir autorizaciones y sí, en cambio, se mostraron dispuestos, entusiastas y orgullosos para compartir lo que llevaban descubierto: Un gran centro urbano maya de más de 30 kilómetros cuadrados, donde hubo una gran concentración demográfica y cuya vida se calcula en más de mil años.
(Continuarà)
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