Por Jorge Lara Tovar

Cuando propuse realizar reportaje sobre los nuevos hallazgos arqueológico realizados en México, en los últimos años, para la cadena de televisión en la que trabajaba en 1990, los compañeros del Departamento de Investigación me dijeron que estaba “regándola” pues la empresa no autorizaba el pago por los permisos que cobraba el INAH.
Acababa de leer que en lo recóndito de la selva chiclera de Campeche, un arqueólogo canadiense, estaba trabajando en el rescate de un sitio maya, al que habían nombrado Calkmul.
William J. Folan había llegado desde su natal Chicago hasta Campeche y desde ahí entre estelas, cuevas, árboles, animales, selva, nubes, cielo, fuego y astros descubrió vestigios mayas, edificios, vasijas, armas, joyas, así como estelas donde daban cuenta de sus deidades, ancestros, “vientos” y naguales.
Si William J. Folan había viajado más de cuatro mil kilómetros y había llegado a los vestigios de una vieja ciudad maya, como no iba a llegar mi equipo de reportajes desde la Ciudad de México que está apenas a mil cien kilómetros de distancia.
Así que me encamine a las oficinas del INAH, en la vieja casona de las calles de Córdoba 45, en la colonia Roma y logré que me recibiera Don Joaquín García Bárcena, entonces secretario Técnico del INAH y responsable de autorizar los permisos para grabar en las zonas arqueológicas resguardadas por ese Instituto.
Fascinado le escuche decir orgulloso que estaban haciendo una verdadera radiografía del territorio mexicano con las tecnologías de percepción remota y ya tenían un primer recuento de 5 millones de sitios en el país donde había vestigios arqueológicos. Desgraciadamente sólo se contaba con documentación de 500 de ellos y se trabajaba, por el poco presupuesto, en apenas 150 sitios. Su mayor preocupación era el saqueo.

Era una buena razón para convencerlo de que un reportaje sobre estos lugares despertaría la conciencia y el orgullo de los mexicanos para resguardar estos tesoros y evitar el saqueo. Le explique que nuestro equipo de video era el mínimo requerido para lograr un buen registro y que no representaba riesgo alguno para el lugar. Regrese a la oficina con el permiso gratuito pues se trataba de un video con fines culturales y de divulgación.
Así que, sin mayores excusas por parte de la empresa, me subí al avión acompañado por el fotógrafo Ángel Cortés, su asistente y un realizador. Destino: Calakmul en la selva tropical de Campeche; Misiòn, dar cuenta de los trabajos de rescate encabezados por el Dr. William J. Folan. (Continuará).
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